jueves, 23 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Quiero decir, ante todo, que la Navidad es la excusa, que el deseo de paz y de felicidad se extiende hasta para mi tio Alberto, que acaba de escribir, fiel a su ironía, "EN ESTE MURO DETESTAMOS LOS SALUDOS NAVIDEÑOS".
La Navidad me recuerda a mi abuela, que nos ponía a pintar tarjetas para mandar a los amigos; a la misa en familia de mi infancia; a mi abuelo dando la comunion, a mis tios reunidos alrededor de nosotros, que solo pedíamos playa y baldecitos, y la felicidad enorme de volver a ver a los primos que viven lejos; la Navidad es una noche de Búfalo con Ana, el brindis en la calle, mi abuela mandando invitar al policía de la cuadra, mi abuelo puteando por la plata gastada en pirotecnia: Son millones de copas de leche" decía, indignado.
Recuerdo a mis abuelos y ellos han sido el abrigo navideño, el sentido de la familia, pincel y Wisky, la abuela me llevaba a los geriatricos para cantarles a los que no tienen familia en Navidad: "Para nosotros es una hora, y para ellos es la felicidad del dia", y alli nos ibamos el 25, un rato, con cancionero y guitarra, a derrochar canciones mal entonadas por ahí.
Navidad es mi madre vistiéndonos divinas, peinándonos tirante, Luli con estrellitas, es la vereda de los Bovino copada de sillas y copas, frente a la plaza; una noche en el Hostal viendo las luces de Salto hasta el amanecer con mis hermanos, otra noche de navidad en el lago, otra noche en Colegiales mirando con Matu y Vicky los fuegos artificiales:

Siempre, todas las Navidades, la Navidad es el encuentro: El abrazo con los seres queridos, el sentirse en casa, el saberse protegido alrededor de una mesa que abriga.
La misma sensacion que tuve en casa de Julia para recibir el Año Nuevo Judío: Amor de hogar, paz al alma.

En esta Navidad quiero decirles que GRACIAS por estar dando vueltas por mi vida, que este año que se va me dejó muchas cosas buenas y que tambien ustedes ayudaron a cerrar heridas y pintar sonrisas; Que a veces extraño a los que no estan, pero tambien agradezco que hayan estado; que solo puedo desearles a mis amigos/amores mucha felicidad y mucha alegria, que descorchen mucho en estas fiestas y que sirva de excusa para encontrarse con los seres queridos: Especialmente quiero pedir un deseo de FUERZA para Nato, Milagros y POcho, y Muy Feliz Navidad y mucho mejor año nuevo!!

domingo, 12 de diciembre de 2010

Xenofobia de Mierda




Dedicado a Ceci Anker, mi querida, amada, inolvidable hermana boliviana.

Villa Soldati es, como muchos barrios de Buenos Aires, pobre, feo y sucio.
Hay olor a humo, a basura, a tortilla asada, a chipa, a choripanes de obreros al mediodia, a torta frita aunque no llueva.
Ropa colgada al sol, perros flacos, gurises barrigones, patitas descalzas, cumbia y quilmes, paco, desesperanza, tiempo que sobra, tardes que nunca pasan.
Visto a los ojos de un dandy del Newman, Soldati es el Brooklyn bonaerense, lugar que se conoce como parte del turismo piquetero, o como quien recorre de turista una favela.Sin embargo, no debieron ser distintos los conventillos de la Boca que albergaron a tantos Rodriguez, Larretas o Macris escapados de la Europa pobre, porque los europeos tambien supieron ser pobres y distintos.

A los ojos de la gente de Soldati, el barrio es un refugio, un abrigo, un lugar donde matar las penas y descabezar los sueños.

A los ojos de nuestra policía, es el lugar donde viven bolivianos de mierda, peruanos de mierda, chilenos de mierda, extranjeros de mierda.

Así que parece que ser un extranjero de mierda habilita la vergüenza: Fueron cuatro los muertos de Soldati, porque también parece que defender la propiedad privada, resulta mas importante que defender la vida.
No querían dejar sus lugares, por eso los mataron.
Fue la bolsa o la vida, y perdieron sus vidas.

Se que quien lea puede pensar como Macri. “Ocupan nuestras tierras”, “nos sacan trabajo”, “usan nuestros hospitales”, “van a nuestras escuelas”

Sin embargo qué triste, nosotros también somos en otros lugares “argentinos de mierda”:
Estados Unidos nos exige visa.
España nos deporta.
En Europa somos ciudadanos de segunda, sudacas putos, maricones latinos, argentinos chorros, semi -personas sin derecho a nada: A mí misma, España me cerró la puerta en las narices: Yo también soy una “sudaca de mierda”.
Parece que el mundo no soporta al distinto.
Que la humanidad se mide desde la piel, desde la patria, desde la riqueza.
Y mientras dejamos que eso ocurra, nos vamos haciendo menos personas, menos solidarios, más fríos, menos humanos.
Ser feo esta mal visto, y el feo va a la carcel.
Ser pobre esta mal visto y el pobre va a Soldati.
Ser extranjero esta mal visto, y el extranjero va a la muerte.
Visto de ese modo, el coktail de ser feo, pobre y extranjero no es una buena idea: “En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas cárceles que encierran a los prisioneros del miedo, las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes.
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confíe. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: cuidado. Los peligrosos acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres: los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponables, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tiene, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?”
(E. Galeano, Espejos.-)

martes, 7 de diciembre de 2010

Lucía es de amor y barro







(Para Anna Godoy, mi amiga/compañera/hermana, la mujer mas luchadora que conozco, que hoy me dio la noticia de que me hará tia otra vez)









Quién diría, ese fin de semana no pensaba en cuestiones históricas; mucho menos que iría a un acto político, y mucho menos, muchísimo, que al fin conocería a Lucía Topolansky.






El sol de la Rambla, previo al atardecer, estaba anaranjado, bonito.



El mar de Montevideo, que no se anima todavía, tentaba a un chapuzon a más de uno.






Las banderas del Frente Amplio se veían desde lejos, en apoyo a las redes, extrañas figuras militantes web (ni el Frente se salva de los inventos posmodernos) y allí llegué, mate bajo el brazo, a disfrutar de esa novedad increíble que son las movidas uruguayas para debatir de igual a igual, vecinos y políticos, porque el concepto que vale es que "políticos somos todos".



De repente me pareció ver su carita regordeta, pero claro: Entre la muchedumbre hubiera sido fácil confundirme. Seguí mis temas, quien sabe de qué estaríamos hablando, cuando escuché: Vino Lucía.






Así que allí estaba, una señora con aires de abuela, rubia y dulce, tranquila, serena, caminando por la rambla sin custodios, solita, Lucía: militante, florista, senadora, presidente por un rato, o presidenta, caminaba como una más, perdida entre las caras iguales, que como igual la trataban, es decir, con respeto.



Ella se abría paso entre esos muchos que a lo sumo, se acercaban a darle un beso o regalarle una bandera.



Ella se quedó entre todos, despeinada y con barro en los zapatos, escuchando al orador, igual que el resto.






Quien diría que esa viejita estuvo presa, que escapó de la cárcel, que peleó como nadie, que se puso todos los ideales al cuello: Compañera de siempre de un tipo llano que ahora preside el paísito, esa mujer simboliza la fuerza de todas las mujeres:






Entonces como siempre, he vuelto a reivindicar a las minas bravas que todo lo han hecho para que el mundo resultara un poco mas lindo:



Calladitas, suaves, ocultas pero fuertes mujeres irremplazables, las Lucias del mundo lo soportan todo persiguiendo la esperanza de por fin, algún cercano día, entre mamaderas y pañales, sartenes y macetas, cachorros y palomas, volver a instalar una sonrisa que venga con libertad y dignidad en cada hogar de Buenos Aires, de Carmelo, de Salto, de Montevideo, de Gualeguay, de Concordia...



No será fácil, claro.



Pero es como un camino compartido a largo plazo, una manera de andar por la vida de la mano con aquellos que soñamos igual, que buscamos lo mismo, que no vamos a cambiar de ruta ni acortar por los atajos mas simples…



También esa mujer es un destino para algunos de nosotros, que tenemos una juventud irreverente, y por momentos no sabemos que hacer con ella.




Hubo otros antes, los de aquella generación, que creían en algo, tenían un sueño, al punto que ella llama “exagerados!” a los que la tildan de heroína, porque entonces, “todos creíamos en eso…”






Y hubo mas: Porque esa rambla estaba llena de mujeres, anónimas de pelo largo y sonrisa puesta, señoras que resisten y ayudan, discuten y pelean, estudian, trabajan, amamantan, cocinan, y vuelven a izar esa bandera que ayuda a creer que un mundo mejor es posible.





A todas esas locas sueltas que creen en la esperanza, valgan esta lineas ajenas:






AS MUJERES DE MI GENERACION
Las mujeres de mi generación abrieron sus pétalos rebeldes de rosas, camelias, orquídeas y otras yerbas, de saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas, sino de yuyos peregrinos entre vientos. Porque las mujeres de mi generación florecieron en las calles, en las fábricas se hicieron hilanderas de sueños, en el sindicato organizaron el amor según sus sabios criterios. Es decir, dijeron las mujeres de mi generación, a cada cual según su necesidad y capacidad de respuesta, como en la lucha golpe a golpe, en el amor beso a beso. Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas, supieron lo que tenían que saber, para el saber glorioso de las mujeres de mi generación. Minifalderas en flor de los sesenta, las mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras de sus muslos, que fueron los de Tania. Erotizando con el mayor de los calibres los caminos duros de la cita con la muerte. Porque las mujeres de mi generación, bebieron con ganas del vino de los vivos, acudieron a todas las llamadas y fueron dignas en la derrota. En los cuarteles las llamaron putas y no las ofendieron, porque venían de un bosque de sinónimos alegres: minas, grelas, percantas, cabritas, minones, gurisas, garotas, jevas, zipotas, viejas, chavalas, señoritas. Hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera, en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles. Porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuero indeleble de sus uñas la verdad universal de sus derechos.
Conocieron la cárcel y los golpes, habitaron en mil patrias y en ninguna, lloraron a sus muertos y a los míos como suyos, dieron calor al frío y al cansancio deseos, al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto. Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos, cantando Summertime les dieron teta, fumaron marihuana en los descansos, danzaron lo mejor del vino y bebieron las mejores melodías. Porque las mujeres de mi generación, nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos, compañeros, sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias. Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas, actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia. Porque las mujeres de mi generación, sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras. Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor, comisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia. Entre batalla y batalla, las mujeres de mi generación lao dieron todo y dijeron que eso apenas era suficiente. Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco, las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo, y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo, fueron las únicas estrellas de la larga noche clandestina. Sus canas no son canas, sino una forma de ser para el quehacer que les espera. Las arrugas que asoman en sus rostros, dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo. Las mujeres de mi generación, han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos, se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas. Escriben cartas que incendian las memorias. Recuerdan aromas proscritos y los cantan. Inventan cada día las palabras y con ellas no empujan, nombran las cosas y nos amueblan el mundo. Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar. Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta. Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad, y la prudencia se transforma en vergüenza. Las mujeres de mi generación son como las barricadas: protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira. Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado, que resguarda con violencia la ternura del mundo. Las mujeres de mi generación no gritan, porque ellas derrotaron al silencio. Si algo nos marca, son ellas. La identidad del siglo, son ellas. Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto, el beso clandestino, el retorno a todos los derechos.



Un tango en la serena soledad de un aeropuerto, un poema de Gelman escrito en una servilleta, Benedetti compartido en el planeta de un paraguas, los hombros de los amigos guardados con ramitas de lavanda.



Las cartas que hacen besar al cartero, las manos que sostienen los retratos de mis muertos, los elementos simples de los días que aterran al tirano, la compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.



Lo son todo y todo lo sostienen, porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos sorprende. No hay soledad donde ellas miren, ni olvido mientras ellas canten, intelectuales del instinto, instinto de la razón, prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil. Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas, golpeadas, negadas pero invictas mujeres de mi generación.



Luis Sepúlveda, 1999