

Dedicado a Ceci Anker, mi querida, amada, inolvidable hermana boliviana.
Villa Soldati es, como muchos barrios de Buenos Aires, pobre, feo y sucio.
Hay olor a humo, a basura, a tortilla asada, a chipa, a choripanes de obreros al mediodia, a torta frita aunque no llueva.
Ropa colgada al sol, perros flacos, gurises barrigones, patitas descalzas, cumbia y quilmes, paco, desesperanza, tiempo que sobra, tardes que nunca pasan.
Visto a los ojos de un dandy del Newman, Soldati es el Brooklyn bonaerense, lugar que se conoce como parte del turismo piquetero, o como quien recorre de turista una favela.Sin embargo, no debieron ser distintos los conventillos de la Boca que albergaron a tantos Rodriguez, Larretas o Macris escapados de la Europa pobre, porque los europeos tambien supieron ser pobres y distintos.
A los ojos de la gente de Soldati, el barrio es un refugio, un abrigo, un lugar donde matar las penas y descabezar los sueños.
A los ojos de nuestra policía, es el lugar donde viven bolivianos de mierda, peruanos de mierda, chilenos de mierda, extranjeros de mierda.
Así que parece que ser un extranjero de mierda habilita la vergüenza: Fueron cuatro los muertos de Soldati, porque también parece que defender la propiedad privada, resulta mas importante que defender la vida.
No querían dejar sus lugares, por eso los mataron.
Fue la bolsa o la vida, y perdieron sus vidas.
Se que quien lea puede pensar como Macri. “Ocupan nuestras tierras”, “nos sacan trabajo”, “usan nuestros hospitales”, “van a nuestras escuelas”
Sin embargo qué triste, nosotros también somos en otros lugares “argentinos de mierda”:
Estados Unidos nos exige visa.
España nos deporta.
En Europa somos ciudadanos de segunda, sudacas putos, maricones latinos, argentinos chorros, semi -personas sin derecho a nada: A mí misma, España me cerró la puerta en las narices: Yo también soy una “sudaca de mierda”.
Parece que el mundo no soporta al distinto.
Que la humanidad se mide desde la piel, desde la patria, desde la riqueza.
Y mientras dejamos que eso ocurra, nos vamos haciendo menos personas, menos solidarios, más fríos, menos humanos.
Ser feo esta mal visto, y el feo va a la carcel.
Ser pobre esta mal visto y el pobre va a Soldati.
Ser extranjero esta mal visto, y el extranjero va a la muerte.
Visto de ese modo, el coktail de ser feo, pobre y extranjero no es una buena idea: “En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas cárceles que encierran a los prisioneros del miedo, las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes.
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confíe. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: cuidado. Los peligrosos acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres: los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponables, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tiene, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?”
(E. Galeano, Espejos.-)
Villa Soldati es, como muchos barrios de Buenos Aires, pobre, feo y sucio.
Hay olor a humo, a basura, a tortilla asada, a chipa, a choripanes de obreros al mediodia, a torta frita aunque no llueva.
Ropa colgada al sol, perros flacos, gurises barrigones, patitas descalzas, cumbia y quilmes, paco, desesperanza, tiempo que sobra, tardes que nunca pasan.
Visto a los ojos de un dandy del Newman, Soldati es el Brooklyn bonaerense, lugar que se conoce como parte del turismo piquetero, o como quien recorre de turista una favela.Sin embargo, no debieron ser distintos los conventillos de la Boca que albergaron a tantos Rodriguez, Larretas o Macris escapados de la Europa pobre, porque los europeos tambien supieron ser pobres y distintos.
A los ojos de la gente de Soldati, el barrio es un refugio, un abrigo, un lugar donde matar las penas y descabezar los sueños.
A los ojos de nuestra policía, es el lugar donde viven bolivianos de mierda, peruanos de mierda, chilenos de mierda, extranjeros de mierda.
Así que parece que ser un extranjero de mierda habilita la vergüenza: Fueron cuatro los muertos de Soldati, porque también parece que defender la propiedad privada, resulta mas importante que defender la vida.
No querían dejar sus lugares, por eso los mataron.
Fue la bolsa o la vida, y perdieron sus vidas.
Se que quien lea puede pensar como Macri. “Ocupan nuestras tierras”, “nos sacan trabajo”, “usan nuestros hospitales”, “van a nuestras escuelas”
Sin embargo qué triste, nosotros también somos en otros lugares “argentinos de mierda”:
Estados Unidos nos exige visa.
España nos deporta.
En Europa somos ciudadanos de segunda, sudacas putos, maricones latinos, argentinos chorros, semi -personas sin derecho a nada: A mí misma, España me cerró la puerta en las narices: Yo también soy una “sudaca de mierda”.
Parece que el mundo no soporta al distinto.
Que la humanidad se mide desde la piel, desde la patria, desde la riqueza.
Y mientras dejamos que eso ocurra, nos vamos haciendo menos personas, menos solidarios, más fríos, menos humanos.
Ser feo esta mal visto, y el feo va a la carcel.
Ser pobre esta mal visto y el pobre va a Soldati.
Ser extranjero esta mal visto, y el extranjero va a la muerte.
Visto de ese modo, el coktail de ser feo, pobre y extranjero no es una buena idea: “En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas cárceles que encierran a los prisioneros del miedo, las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes.
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confíe. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: cuidado. Los peligrosos acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres: los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponables, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tiene, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?”
(E. Galeano, Espejos.-)

No hay comentarios:
Publicar un comentario