viernes, 13 de agosto de 2010

Juan Minatta Es asi







Mi hermano menor y yo somos, como quien diría: Dos gotas de agua.
Los dos la misma nariz, cachetes rebosantes, ojitos hundidos, y mas: Carácter empecinado, rebelde, contestatario, no soportamos muchas imposiciones y andamos por los aires: Idealistas, soñadores. Lo mío se entiende, soy signo de aire; él solo por copiarme, porque desde chiquito, mi vida, el siguió mis inocentes teorías sobre el mundo con toda su energía, como si yo fuera Karl Marx o Rosa de Luxemburgo.
Los dos amamos el campo y la naturaleza: Desde niña, mi único hermano a mis espaldas por los pastizales, en busca de perdices, lagartos y liebres, era Jhony. El traía sus rulos rubios y botas de goma a cuanta andanza se me ocurriera: No se me despegaba, y tenia la costumbre de individualizar y poner nombre a cada bicho: la ranita del baño se llamaba Willy; el lagarto que vimos con Juan Serre era (claro) Juancho; la liebre era Pinu, el tero era Don Tero...
A la perra de casa la obligo a aprender a saltar como saltaba su caballo en el club Hípico, y la pobrecita a los golpes no tuvo otra que aprender a sortear vallas cada vez mas complicadas.
"Joshe" me decía, cuando apenas hablaba, y yo, que apenas podía mantenerme en pie, lo alzaba como a un muñeco y lo malcrié hasta el cansancio, para desgracia de mi madre:
El niño creció y se hizo indomable: Su adolescencia rebelde me conmueve todavía, tan chiquito cuestionándolo todo sobre el mundo, disponiéndose a decirle no a toda injusticia sobre esta tierra, cantando con sus trescientos tatuajes y guitarra al hombro, rulos a lo Marge Simpsons, zapatillas con agujeros y jeans rotos, el mejor educador sobre distribución de la riqueza: Ellos no tienen, decía a los diecisiete, regalando sus camperas y zapatos, y era verdad, ellos tenían menos.
Juan cobijaba en casa a cuanto desvalido daba vueltas por el barrio, contra la opinión de santa madre y santa novia: Que se vayan a la mierda, les decía el gordito, y la verdad, contradecirlo era toda una tarea: A mi me daba siempre orgullo verlo tan plantado, tan seguro, tan genuinamente sensible.
Lleno la casa de gente, bombos, bajos, guitarra eléctrica, batería altisonante a la hora de siesta, y vecinos que tocaban timbre y tiraban cascotes por los techos.
Mi chiquito: Creciste mientras nos íbamos los dos al sur, mochila al hombro ; mientras te intoxicaste con ese vino rosado de cartón barato y dormiste tres días como el osito de la montaña; Después un porro nos obligo a volver a dedo desde Bariloche hasta Concordia en cuatro días, nadie quería llevarnos porque a mi hippie hermano se le ocurría armar tabaco en la cara de los camioneros, nuestra pinta de mochileros sucios no ayudaba, pero él, con su carita de buena gente lograba convencer a cualquiera.
Así volvimos, sin quejarnos de esa travesía horripilante de andar desamparados al borde de la ruta.
Creciste entre tus amigos y varios golpecitos, qué hubiera dado, hermanito, por que no los tuvieras. Creciste porque la Pato te ayudo a crecer y porque así debió ser, me acuerdo cuando decidiste estudiar abogacía, después de tres años enfrentándote a mama.
Que querías ser músico, qué no ibas a estudiar ni siquiera el conservatorio: Vos! El más inteligente de todos, no querías darte una vuelta por las aulas: Te viniste a Buenos Aires unos días y nos pusimos a mirar EL LOBO, te acordas? Yo soñaba con ser Amaia y vos seguramente como Chema, yo recién me recibía y vos, caminando al 134, me dijiste que ya esta, que ibas a estudiar Derecho, porque con eso pensabas cambiar el mundo. Y me dejaste ahí parada, te fuiste con tu guitarra en ese bondi por Juan B Justo, y yo me senté en una vereda a llorar sola, porque yo sabia que el mundo esperaba cosas buenas de vos y que vos, con tu corazón sencillo y firme, estarías algún día dispuesto a dejar tu sello de bondad para ayudar a otros: mi querido gordito, me acuerdo de cuando cantabas EL OSO y con papa te pedíamos otra vez, y vos podías repetirnos el Oso veinte veces; de cuando me escribiste a Buenos Aires que te volviste del lago "a patonga", de cuando fuimos juntos a Ciudad Oculta un sábado y las nenitas de seis te pedían que les hicieras vos las cuentas, de cuando metiste un conejo dentro del lavarropas, de cuando te rescaté de una comisaria en tus aventuras rebeldes que AME! Pero no le digas a mama que se horroriza; me acuerdo como te gustaba venir a mis marchas estudiantiles, en diciembre 2001 cantando contra la cana, tus celos estrepitosos con escena violenta contra el pobre musico de Dancing Mood que vino a hablarme en Uruguay, tus primeros dias de facultad, tus notas las mejores notas, tu participación en el Centro de estudiantes, tambien me acuerdo y no me olvido los libros que me robaste: los del CHe, El del 45, los de Marx, y los de derecho penal, las canciones de Silvio Rodriguez, tus favoritas, como las mias: hermano/amigo solidario y compañero incansable de luchas y sueños: Tu valor para vivir me da valor, tu fuerza me da fuerza, tus sueños y los míos se mezclan y confunden y juntos vuelan como burbujas al viento: Te regalo mis libros para siempre, pero quiero pedirte en tu cumple, una cosa re importante: Que vuelvas a tocar la guitarra, porque nadie en el mundo me conmueve tanto cantando "Hasta siempre comandante", aunque ya se, paso de moda y no te gusta.
Te quiero gordi!
Feliz Cumple!

martes, 10 de agosto de 2010

AVALE LA TORTURA

Desde la dictadura argentina, nuestro país pide justicia.
Igual que nuestros hermanos latinoamericanos, no queremos más tiempos sangre y muerte. Desde el genocidio armenio, se alzan las voces exigiendo justicia.
El genocidio en Ruanda también clamó justicia.
Desde que ocurrió la Shoa, hace más de cincuenta años, el mundo pide justicia.
Sin embargo, ¿Qué puede ser justicia en todos estos casos? Las muertes son irreparables, esas vidas no vuelven. Entonces la justicia se vuelve simbólica, pero tiene un sentido.
El sentido es en primer término institucional.
El segundo es un sentido educactivo.
El tercero, es simplemente sentido común.
Perdón si realizo un juicio de valor: No podré ser imparcial esta vez y me hago cargo. Institucionalmente, la justicia es la respuesta estatal frente a los hechos. Es que partido toma nuestro Estado, desde uno de sus poderes (el judicial) frente a un delito, y más aun, qué respuesta da frente a graves violaciones de derechos humanos. La calidad de la justicia de un estado determina, ni más ni menos, que la calidad de su nivel de democracia.
Recordando a Jhon Rawls, “Una concepción de justicia es más razonable que otra, si personas racionales en la situación inicial escogen sus principios por encima de los otros por el papel mismo de justicia (...) Debemos determinar qué principios se adoptarán racionalmente dada la situación contractual”. Estos principios serán los siguientes: 1.- Principio de libertades. Distribución de igual número de esquemas de libertades para todos. 2.- Principio de diferencia. Las desigualdades económicas y sociales han de estar estructuradas de manera tal que aseguren: a) mayor beneficio de los menos aventajados, y b) que cargos y posiciones estén abiertos a todos en condiciones de justa igualdad de oportunidades. En un sentido educativo, la justicia intenta cumplir un rol ejemplicador, cuyo postulado mayor es siempre reiterado en las facultades de Derecho: LA JUSTICIA “Evita la venganza por mano propia”, resuelve el conflicto “civilizadamente” y ejemplifica en la civilidad que todos los ciudadanos debemos aspirar a conseguir. En términos de sentido común, la justicia aporta una respuesta ciudadana razonable a la victima: La victima de un delito sufrió un daño, y es coherente que necesite ser reparada. Claro que tomando las debidas garantias, pero la víctima merece su respuesta. Pareciendo tan sencillo el esquema, me pregunto cómo puede surgir desde la política uruguaya, la idea de caducidad para los crímenes de lesa humanidad en la dictadura. En primer término, no comprendo que calidad de democracia se persigue: Uruguay es parte de Tratados Internacionales de Derechos Humanos, y “caducar” las violaciones a estos derechos es ignorar esas leyes, burlando a la comunidad internacional y a sus propios órganos institucionales. Ni decir, reírse de sus ciudadanos.
No comprendo por que, si ante graves crímenes en Argentina seguimos persiguiendo a los culpables, nuestra hermana uruguaya decide perdonarlos. Si son igualmente asesinos, si torturaron del mismo modo, si del mismo modo produjeron dolor y muerte: ¿Por qué se quiere volver amnésica Uruguay?
Hasta Alemania, hoy, 60 años después, abre juicios contra los perpetradores nazis.
La justicia no sirve para que duela menos lo que ya dolió, pero si sirve para que el mundo sepa y no reincida.
Desde el sentido común: Aceptar la caducidad es estar de acuerdo con la tortura y con el asesinato masivo.
Si el Estado olvida, su dignidad habrá muerto para siempre de muerte violenta y asesina.
Y no le sera gratis el olvido: Cuando la justicia institucional se olvida, la memoria social despierta y puede resultar mas justa y mas hiriente, mas clara y abierta: ASi que no nos daremos por vencidos los defensores de la memoria: Si usted quiere olvidar, avale la tortura.

jueves, 5 de agosto de 2010

Las Vidas




Para Daniel Rus,
Josefina de Palermo,
Norberto Palermo
Silvia Portnoy
Noemí Josefina Jansenson
y Néstor Eduardo Silva,
in memoriam






Mi día de ayer, sin querer, cosas de la vida, fue dedicado entero al rescate de la memoria.

Un libro, el de Américo sobre Desaparecidos en Concepción del Uruguay, me hizo acordar de Silva, un amigo de mi abuelo que siempre, siempre, me contaba sobre su hijo desaparecido: Se llamaba Néstor Eduardo Silva, y a los 21 años se lo llevaron del campo de su familia, con su novia, estudiante de medicina, 18 años. Ella era Norma del Missier.

Don Silva, que había sido ministro de Economía en San Luis, había creído que Camps podría tenerle piedad o compasión.

Fue a verlo, a pedirle por el hijo, por datos, por el cuerpo: La respuesta a ese hombre fue dolor y dolor.
En mi memoria quedó esa cara vieja, ese hombre malherido, su relato sobre las burlas, los llamados con datos falsos, las noches en vela, la soledad angustiante y dolorida.


Después me tocó pensar en la Amia, ayudando a un amigo: Te me viniste a la memoria, Silvia Portnoy, mi concordiense querida y muerta ese día: Rubia y feliz, la noticia de tu muerte fue un puñal, y tu nombre me nace cada 18 de julio.


Más tarde fui, invitada por Daniel Rafecas, al acto de Sara Rus, la querida Sarita: La legislatura decidió darle las pompas de Ciudadana Ilustre de la Ciudad.
¿Cómo fue su vida en la lucha de Madres? Igual a la de otras Madres, pero ella venía mas golpeada: es una sobreviviente de Auschwitz, a la que de yapa, le chuparon a Daniel: ingeniero físico, 23 años. Se lo llevaron de la “Comisión Atómica”, como dice Sarita. De los 30.000 desaparecidos, casi 800 eran judíos. En los Centros Clandestinos, se sabe, fueron los más torturados, los mas humillados, por su sola condición de judíos.
“Sobrevivir dos veces”, escribió, esperando que nuca sepamos cómo se hace. Ella dice que todos tenemos una fuerza inmensa, inesperada.

Que nos sale de adentro cuando ya no podemos, pero sí que pudimos: “Pero mejor que no lo sepas. Mejor que no lo sepas nunca chiquita. Mejor es que creas que no podrás nunca con algunas cosas de la vida.”



Me acomodé como pude atrás de algunas Madres. Una de ellas tenía en el pañuelo el nombre de una chica que tuvo mi nombre: Josefina Jansenson.


¿Cuántos años tendría aquella Josefina? ¿Adonde militaba? ¿militaba? ¿le habría gustado leer, igual que a mi? ¿Habría cantado las canciones que canto?


Me acerqué a la cabeza de esa señora bajita, y acaricié en secreto ese pañuelito blanco, pañal de niño.


Esa Madre, que eligió el mismo nombre que eligió mi madre, ¿Cuántas veces le habría gritado “Joseeeee” como hace aun la mía? ¿Cuántas veces le pudo acariciar la cabeza? ¿Cuántos besos le debe y no pudo pagarlos? ¿Cuántos días la buscó sin rumbo? ¿Cómo habrá sido tu embarazo en cautiverio? ¿Pudiste parir a tu hijo, Josefina Jansenson?

Y el final: Comiendo sandwichitos después de un mar de lágrimas, me encontré a Bruno Palermo, un PADRE DE LA PLAZA: El lleva la foto de Norberto de 21 años prendida al pecho. Era un colimba en Campo de Mayo, militaba en el ERP, tenía la escasa edad de 21, pero a los milicos le pareció un peligro igual: Se lo llevaron. La búsqueda no dio resultados, así que su esposa, otra Josefina, decidió dejarse morir o suicidarse, y así lo hizo. Bruno es un padre de la Plaza porque ella no soportó el dolor. El tomó en sus hombros esa lucha por ambos. Tiene la sonrisa dispuesta, el chiste latente, la mente despierta: Me cuenta que en octubre se estrena la peli, “Padres de la Plaza”, que se enamoró, que tuvo otros hijos, que lee Pagina 12, que ya no maneja: Ganas de vivir, ganas de continuar, confiesa bajito: “Uno vive muchas vidas, sabes? Muchas vidas en una vida".

Así que me fui, después de abrazarte, padre de la Plaza, después de verlos tan chiquitos ahí, gritando con sus vocecitas gastadas:
“Desaparecidos
Presentes
Aparición con vida
Ahora y siempre”,

Pensando en esas vidas, sus vidas, las muchas vidas de cada uno, y en las palabras finales de Mario Sinay: Lo importante no es pensar como murieron, sino cómo vivieron. Quiénes eran, qué sueños perseguían, qué los movilizaba, qué amores guardaban en secreto.Eso da la real dimensión de su pérdida, pero también es ese el mejor ejercicio de memoria, aunque duela:

“La memoria despierta para herir

a los pueblos dormidos

que no la dejan vivir

libre como el viento”.