lunes, 5 de julio de 2010

Cronicas de Montevideo: Dos. La Ciudad y Su Gente


¿Qué esperaba encontrar yo del otro lado del río? Nuevo aires; buscaba sin dudas a mi amiga/hermana, y a la Pochi, y secretamente me perseguía a mi misma, que de tanto en tanto corro sin encontrarme. Fui en busca de paz urbana, del carnaval del alma que promete Montevideo, del aire de la rambla, de Roldós sábado a mediodía; fui a buscar el Café Brasilero, cerrado para desgracia de Galeano, y de un lugar donde arrojar los malos tragos para siempre. Un mate con la yerba molida más finita, un tamborileo de murga y candombe en esa esquina donde el Morocho paro el auto para que bailáramos un poco y sacudiéramos el frío; Callecita de adoquín, aire colonial, ¿Qué me daba esa ciudad? Cosas comunes a la mía: La plaza Independencia, el Mausoleo de Artigas, la intendencia, la San José en bajada, el Museo Zorrilla, un mural colorido en Punta Carretas, atardecer de mate y rambla, la irónica historia de la cárcel/shopping, fiebre celeste de mundial y fútbol, un tango en un bar repleto, la feria Tristan Narvaja, el puerto poblado de piratas fantasmas. Le dicen la Reina del Plata a mi Buenos Aires, pero yo creo que todos se han equivocado. Su hermana menor, nacida dos siglos después, al otro lado del río mas ancho del mundo, crece y se embellece como una adolescente, y atrapa y abriga como un novio prohibido.Así caí en las redes de esa ciudad mágica, y encontré otras cosas: Al Morocho, que doy fe: El Morocho existe. Es de carne y hueso el hombre que afirma valentia, decision y ternura. ¡EXISTIS! le grite antes de decirle Hola, y él desparramó carcajada y whisky para todos en el bar que recuerda a JUan Roldos, su fundador de otro siglo.Las luces del cerro que me mostró el Flaco de noche, que se me confunden con Salta como se me confunde la rambla con mar del Plata; un tour por la ciudad linda con el tejano mas lindo; Los discos rayados de Sabina, un blanco encendedor, un amanecer de frío y risa.“Confuso” es la canción que encontré de mano de los Drexler en la Sala Zitarrosa, con los nada confusos Ita, Dai y Fer, el pintor de la vagina dentada que custodió mis sueños montevideanos. Encontré a las personas y a los personajes de las Itanecdotas, la amistad de Dai, la grandeza del Morocho, los chistes del Tigre, la palabra del Flaco, el intercambio intelectual con Diego, amigos-abrigos: Yo no se que pensaba encontrar. A ellos los encontré de frente, seguros como un refugio de invierno, sensibles y sencillas manos amigas, brindadas porque si, porque así se siente, dar por dar.Y el viento de Montevideo. El Viento da en la cara, cala los huesos, azota el agua, lleva la música, vuela los pelos: Algo de magia tiene el viento de Montevideo, como esa ciudad expectante y desnuda que me resisto a dejar, aunque me fui.Una leyenda urbana dice que quien va a Montevideo, fácilmente conversa con Juana de Ibarbourou, con Benedetti, o con Juan Gelman. Que Horacio Quiroga viene desde Salto y se sienta en un bar frente a la plaza Independencia, que Artigas se escapa del mausoleo laberíntico para ver como creció su país desde su muerte, que Sabat Ercasty recita poemas a la gorra en la ciudad Vieja, que Osiris Rodríguez Castillos toca la guitarra con acordes de carnaval.Yo quería meterme en ese mundo de fantasmas sueltos, y la Ita me empujó sin anestesia: En su living me encontré, muerta de nervios y de dolor de panza, con el más humano de los dioses de esta tierra. Don Galeano se nos apersonó en Punta Carretas, como imagen de aparecido, y me habló, y no fue mentira. Montevideo, Ciudad Vieja, Ciudad mía: Su paisaje y su gente, aromas de carnaval, mar/río, vuelan mis sueños hacia acá y hacia allá, con ruidito a panderetas, para contar aquello que Gius nos dijo.

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