
El enfrentamiento con Corea del Sur me sorprendió en la calle: Llevando a Viki al colegio, por Callao, noté que varias cosas del paisaje matutino diario estaban diferentes: Buenos Aires parecía en fin de semana: Pocos autos, poco ruido, menos gente, y algo adrenalinico en el aire. No dudé: Partido en puerta. Las banderitas de Francia, a la venta en la esquina de Córdoba, me hicieron creer que ése era nuestro adversario, hasta que recibí mensaje de Pablo: “HOY Argentina-Corea” Arriba Argentina y a ver el Partido!” Al primer gol lo viví desde la avenida: Un sinfín de bocinazos lo anunciaron, la flota automotor de Buenos Aires enloqueció, y no fue necesario preguntar que había ocurrido: La calle fue un festival de contaminación sonora y efervescencia porteña. Íntimamente, anhelé tener una cornetita para ser parte.
Desde la primer fecha a hoy, debo reconocer, el fútbol y yo nos vamos reconciliando: Mi hija ha hecho gran parte del esfuerzo, con su inocente alegría bostera; también ayudaron mi amiga Ana, que profesa amor a la camiseta como nadie, y ese cartelito que vi en la tele desde la puerta de la casa de Galeano: “CERRADO POR FUTBOL”. También colaboró mi madre y sus graciosas opiniones: Pelotudooooooooooooooooooo!!! Uyyy que cara!!! ¡Que miedo me das nigeriano pero te vas a ir a tu casa sin goles!!! ¡Pero mira que pelmazo!! Y así todo el primer partido, mi madre que es una dama, profiriendo insultos irreproducibles de la más baja calaña.
Así que recibido el mensaje de alerta, pensaba ir a tribunales pero desvié el rumbo y me volví a mi casa.
En lo de mi vecina había fiesta, se escuchaba un griterío infernal y su puerta tenia bandera argentina. Claudia me invita a todos sus eventos, ¿Por qué a este no? Y claro, si me pase renegando del fútbol y sus adeptos. Hubiera estado bueno arrastrar mi frazada hasta su sillón y tirarme con ese mundo de gente a escuchar el zumbido de mosca (que me sigue pareciendo inaguantable) que es el relato, la hinchada y todo mezclado.
Entré a casa y mi madre, apoltronada, estaba envuelta en algo celeste, sus ocho santos otra vez pegados a la tele, y a los gritos: ¡Fue gol en contra! ¡Fue gol en contra! Ves? Si parecen unas ranas! Tan flacos! ¡qué pretenden! ¡los vamos a hacer de goma! ¡Y ellos son unos gomas! Bueno. Mi madre estaba irreconocible, sola y a los gritos. Fui a la cocina, busque el frasco de Conaprole gigante que me trajo Ita de Uruguay, y me dispuse a comer unas galletitas con dulce de leche y mates de madre, los pocos que me llegaban, pues ella estaba en otra: . ¡Cruz diablo! Si! Lo metes, dale Apache! Apacheeeeeee!!!! Vamos! Vamos! Uhhhhhhhh Noooooooooooo Gritaba la relatora casera, que se emocionó cuando desde Johannesburgo, el comentarista dijo: “Esto es licuado de rana” (viste, te dije, son unas ranitas! Repetía fervorosa); y así el segundo gol, el tercero, el cuarto: Pipita HIguain fue la estrella del juego, IDOLO TOTAL Y ABSOLUTO en los altares argentinos. Genio Pipita! CHuyoung (el as del gol en contra) también hizo otro gol, esta vez para su equipo, y para evitar ser ahorcado por la mafia coreana.
El partido termino en festejos, con banderas que desde todas partes rezaban: “EN BOLAS AL OBELISCO”. “Argentino te amo mas que a mi mujer” “Argentina Campeón del Mundo” “MARADONA SOS MI VIDA”. Mientras el frasco de dulce de leche bajaba y bajaba, tenía una idea fija en la cabeza: A Medida que Higuain convertía goles, y no se los dedicaba a nadie, yo solo recordaba la expresión del Bati en el mundial 90: -“IRINA TE AMO!!!!!”.
Fue la expresión de amor mas emocionante de mi vida adolescente: El, transpirado dedicando el gol, pasando a la historia como un ídolo, y ella, diosa y perfecta, apenas sonriendo en una tribuna VIP. Tras el cuatro a uno, me fui a tribunales silbando bajito, preguntándome: ¿Estará enamorado el Pipi? ¿O será que los jugadores también dejaron de ser románticos?

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