Bibi se fue de golpe, para siempre, y sin avisar ni despedirse. Yo no podía soportar ese brutal abandono, ni hacerme a la idea de nunca volver a verla. Me pasaba llorando mis noches y buscándola en mis días, en todas partes: en un shopping, en un supermercado, en lo de la Chira, En el Once comprando animal print por kilo, pero ella no volvía. No había manera. Se ve que no podía.
Sin embargo una noche por fin se escapó, y volvió a buscarnos: Nos levantó de nuestras camas a Luli, Pablo, Ricky, Maru, Ceci: Nos pasó a buscar con la música de la Vitara a todo volúmen, y a carcajadas anduvimos esa noche con ella, por diferentes planetas y destinos, con cocacolas y Shakira a toda marcha, y nuestra Gringa, haciéndonos la vida más alegre, como siempre lo hacía.
Cuando despuntó el alba, nos volvió a meter cada cabeza en cada almohada y nos dijo “es hora de ir al colegio”.
Con su beso, su adiós y su sonrisa empezamos el día, felices de haberla visto.
Josefina
viernes, 4 de junio de 2010
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